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lunes, 9 de noviembre de 2009

Nuevos muros

Por: Douglas Carcache

Nada Personal

Veinte años después, algunos creyentes del socialismo férreo se empecinan en levantar nuevos muros para dividir a las sociedades en países pobres como Nicaragua, sin detenerse ni un momento a reflexionar en los daños que causó el muro de Berlín.

Hoy los muros, sin embargo, no son de concreto ni de hierro como ése que dividió en dos tantos a la ciudad de Berlín y dejó prisioneros a los del Este, desde el fin de la segunda guerra mundial hasta noviembre de 1989 cuando la población se alzó contra sus opresores y lo botó.

Daniel Ortega Saavedra, quien gobernaba Nicaragua en los años 80 y de alguna manera fue expulsado por el sismo político que provocó la caída del muro de Berlín, al perder el apoyo soviético, gobierna hoy de nuevo y trata de acabar con la democracia imponiendo muros a la población que se resiste.

Los ciudadanos que salen a protestar contra los abusos de Ortega se topan con un muro de turbas violentas armadas de palos; y si los medios de comunicación denuncian, se estrellan contra murallas que les impiden obtener información pública y hasta reciben castigos económicos.

Los poderes del Estado también han sido convertidos en muros contra los derechos de la ciudadanía nicaragüense y a favor de Ortega. Si a éste no le gusta cómo vota la población en una elección, el Poder Electoral hace un fraude, como sucedió hace un año con los comicios municipales. Si Ortega quiere seguir gobernando y la Constitución se lo impide, el Poder Judicial le abre el camino y cualquier reclamo ciudadano termina doblegado frente a ese otro valladar.

¿Y aún hay gente que respalda a Ortega? Aparte de sus fieles seguidores de antaño, el 38 por ciento de los electores que votaron por él en 2006, la intención de su partido, el Frente Sandinista (FSLN) es atraer a una población joven que desconoce o apenas tiene una idea vaga de lo que fue el socialismo que se desplomó con el muro de Berlín y del que Ortega sigue siendo devoto.

Sucede tanto en Nicaragua como en otros países de América Latina y hasta en la misma Alemania, donde las nuevas generaciones ven esa época con cierta incredulidad. El periodista alemán Sebastian Schoepp me dijo a propósito: “Me parece mentira que haya existido algo como el muro de Berlín; a los jóvenes alemanes a veces les cuesta creernos a nosotros los cuentos sobre la estricta y mortal que era esa frontera”.

Schoepp vivía en la parte occidental de Alemania y recuerda que veían a los del Este como “parientes lejanos y medio olvidados, encerrados en su mundo gris y provincial, sin la posibilidad de ampliar sus horizontes, que era lo que más sufrían”.

Mijail Gorbachov, el gobernante de la Unión Soviética que atrajo los vientos de libertad en el campo socialista a finales de los años 80, escribió la semana pasada en algunos diarios europeos que, dos décadas después del fin del muro de Berlín, “el verdadero logro que podemos celebrar es el hecho de que el siglo XX marcó el fin de las ideologías totalitarias, en particular las inspiradas en creencias utópicas”.

Sin embargo, aún quedan fieles de ese totalitarismo y siguen causando daños, como los que hoy sufre Nicaragua.
Fuente; La Prensa.com.ni

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