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miércoles, 26 de noviembre de 2008

Unas pocas verdades sencillas

Tomado del Libro «El Despertar» - Paul Ferrini

Leer muchas palabras resulta agotador. No necesitamos tantas palabras. Cuantas más hay, más discutimos sobre lo que significan. Y cuanto más discutimos, menos comprendemos. Sólo existen dos cosas que tú, o cualquier otra persona, debe comprender.

En primer lugar, que tu experiencia es perfecta. A pesar de lo que pienses o de lo que otros piensen, no precisas hacer ningún cambio ni en ti ni en tu experiencia.

Por otra parte, tu experiencia es tu maestra. Mantienes un diálogo permanente con ella. Si estás dispuesto, aprenderás mucho de ella. Esto funciona así, te guste o no te guste tu experiencia. De hecho, la mayor parte de las cosas que aprenderás en esta vida estará relacionada con el acercamiento hacia aquellos aspectos de tu vida que más te cuesta aceptar. Ahí es donde reside tu crecimiento.

La otra cosa que es preciso que comprendas es que la experiencia de las demás personas es perfecta tal y como es. Al igual que sucede contigo, no necesitan que los reformen, los eduquen ni los arreglen. Encuentran las lecciones que necesitan para crecer y para convertirse en unos seres humanos más afectuosos y acogedores.

Si reconoces estos dos hechos y los mantiene en tu conciencia, sufrirás menos en la vida. Una forma de practicar tu estado de conciencia es dejar de juzgarte, de culparte o de crucificarte. Si no estás en condiciones de hacerlo, entonces únicamente sé consciente de los juicios que te haces a ti mismo y haz un esfuerzo por perdonarlos, anularlos y reconocer que no expresan tu verdad.

Otra forma de practicar tu estado de conciencia es dejar de juzgar, culpar o crucificar a los demás. Cuando te vengan a la cabeza esos juicios sobre otras personas, comprende que dicen muy poco de nadie. Tan sólo muestran algunas partes de tu mente y de tu corazón que claman para que las aceptes y las cures. Sé consciente de las ocasiones en las que encuentras defectos en los demás y extrae el anzuelo. Después, sácatelo también de tu boca.

Estas dos prácticas son muy sencillas. Te las ofrezco como simples herramientas que transformarán tu vida. Las palabras y los conceptos son simples. El reto está en la práctica. Puedes dedicarte toda la vida a perseguir complicadas soluciones para acabar con tus problemas, pero no será más que una pérdida de tiempo.

Las respuestas son sencillas y las tienes a mano. Para encontrarlas, dirígete a tu interior. Sólo tú tienes la respuesta para ti mismo; en efecto, dicha respuesta no le servirá a nadie más que a ti.

Nadie te hará feliz. Nadie te entristecerá. Tu fe1icidad o tu tristeza te pertenecen únicamente a ti. No busques a nadie para que te salve de tus pecados. No lo encontrarás. Todos los que se autoproclaman salvadores son lobos disfrazados de ovejas.

Tampoco culpes a nadie de tus errores. Tú eres el único responsable de tus creencias o de las elecciones que haces. Recuerda estas sencillas verdades en todo momento y actúa en consecuencia. El camino es recto pero cuando intentas torcerlo para que se adapte a tus mal percibidas necesidades, parece tornarse resbaladizo.

Sé claro con relación a estos límites. Toda transgresión tiene su origen en la falta de claridad entre lo que es tu responsabilidad y lo que es responsabilidad de los demás. Tú eres responsable de ti mismo. Los demás son responsables de sí mismos. Haz lo que a ti te sea posible hacer. No pidas a otro que haga por ti lo que tú puedes y debes hacer por ti mismo. No entregues tu poder.

Haz todo lo que te sea posible por los demás. Ayuda cuando te lo pidan y cuando sea factible entregar tu ayuda libremente. Pero no aceptes más de lo que seas capaz de hacer con una buena disposición del corazón. s importante ayudar a los demás siempre que puedas, pero no hagas por ellos lo que deban aprender a hacer por sí mismos. Si insistes en aceptar falsas responsabilidades por otros, les invitas a que te culpen cuando aquello que hagas no les satisfaga. Nadie te ha elegido como salvador. De modo que, por favor, no intentes serlo.

Todos los que son colocados en un pedestal acaban embreados, emplumados y arrastrados por el estiércol. Haz el favor de tener todo esto en cuenta antes de subirte al podio y de decirle a la gente que tienes la respuesta que necesita. Todo aquel que ha sido ensalzado por hombres y mujeres acabará, más tarde o más temprano, lapidado por ellos. Esta es la naturaleza de la proyección. El origen de todo esto reside en que las fronteras son poco claras, en no saber qué es responsabilidad tuya y qué no lo es.

Nadie más que tú es responsable de tu placer o de tu dolor. Ni tu amante, ni tu enemigo. E incluso en un plano consciente, es muy probable que ni siquiera tú mismo seas responsable. De modo que no te crucifiques si experimentas dolor y aprende de él.

El papel que los demás desempeñan en tu vida no es el de actuar por ti o decirte lo que debes hacer, sino el de apoyarte para que descubras la verdad sobre ti mismo. Y ése es también el papel que tú desempeñas en sus vidas. Tu papel es ser un amigo para los demás y estar abierto a la amistad que ellos te ofrecen. No tienes que cargar con ellos ni ellos contigo. Sólo los niños necesitan que los lleven en brazos y no durante tanto tiempo como a veces nos pensamos.


Cuando alguien quiera aprender algo de ti, sé un modelo. Deja que te observen y que después practiquen lo que tú has hecho. Cuando ya hayan aprendido lo que tengas que enseñarles, anímalos a que sigan su camino. No fomentes la dependencia de otros. Una vez que hayas ofrecido tu ayuda y ésta haya sido recibida, celebra ese momento y libera a esa persona. Cuando el estudiante vuelve una y otra vez para recibir más lecciones, sabes que existe un patrón de dependencia. No le animes, aunque para ti represente un beneficio económico. Un buen profesor faculta al alumno. Un buen terapeuta ayuda al paciente a aprender las destrezas que necesita para continuar por si solo. Estamos aquí para facilitar el progreso de los otros, no para pegarnos a ellos. Y sólo podemos enseñar lo que nosotros mismos estamos dispuestos a aprender.

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