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miércoles, 19 de noviembre de 2008

No hay absolutamente nada qué negociar

Nicaragua Hoy.

Por Moisés Abasalón Pastora

No hay la menor duda el danielismo se ¡ROBÓ! las elecciones. Decir cualquier estupidez contraria a ésta monumental y absoluta verdad es encarnar el extravagante cinismo de los que han decidido decretar el terror y el horror en nombre del amor, la paz y la reconciliación. El autor intelectual del plan macabro es el inmerecido presidente que tenemos los Nicaragüenses y los ejecutores de éste tiro al corazón de la democracia son los magistrados del Consejo Supremo Electoral de los que debo eximir a Luís Benavides por haber tenido la dignidad de no legitimar con su presencia la criminal “Operación Fraude” realizada por la mano de Roberto Rivas.

El danielismo se siente descubierto y como cualquier ladrón roba cadenas, aunque la prenda la tenga en la mano, no solo dice que nada tiene que ver en el asunto, sino que reacciona airado con piedras, armas y morteros en mano, contra la autoridad que lo agarró con las manos en la masa, en éste caso el pueblo de Nicaragua. Es tan evidente el crimen de lesa humanidad cometido que el máximo jefe de las turbas divinas está enconchado sin dar la cara y no sabe otra cosa que hacer que lanzar a sus hordas a las rotondas, calles o carreteras para defender lo indefendible porque para él y su compañera de vida es menos costo político robárselas que aceptar que fueron abrumadoramente aplastados en las elecciones.

Es increíble lo que estos hicieron porque si la situación política del país estaba chocada antes del 9 de Noviembre, cuando ya avistábamos los tejidos de una dictadura, hoy lo que tenemos frente a nuestros ojos es un régimen barbárico donde el odio desbordado apunta a profundizar una tiranía que aprovechando el contexto quiere salirse del closet para que la vean tal cual es. El danielismo sabe que las metió y que la conducta pandillerezca autorizada para matar polarizó sin retroceso a la sociedad. En términos muy francos y sin pruritos en ésta Nicaragua hay bestias que nos quieren atropellar y gentes que tenemos la obligación de defendernos; Animales desbordados y sin control que nos roban el derecho y personas que patrióticamente debemos resistir en embate de la mafia; Asesinos sin escrúpulos dispuestos a matarnos “pacíficamente” y patriotas que entendemos que todo tiene límites y que la vida hay que defenderla.

Nicaragua está en guerra o a un paso de ella y lo único que podría evitar semejante escenario sería un acto conciente de reflexión que termine en la revisión total, acta por acta, de todo lo actuado electoralmente a nivel nacional. No es asunto que Managua talvez y el resto no. No es cuestión de creer en la institucionalidad que invoca un individuo como Roberto Rivas en el que no confía ni su propia sombra. No es que vamos a conformarnos con que nos dejen algunas alcaldías y a cambio de no agredirnos, callarnos. No, eso no es así. Ahora el asunto es lo que dicen las actas del PLC contra las actas del fraude. Es la razón de la mentira personificada del danielismo contra la verdad sustentada de la democracia nicaragüense que no solo tiene el apoyo interno, sino que ahora el abrazo solidario de la comunidad internacional que por primera vez después de muchos años es testigo de un fraude en tierra firme latinoamericana.

Edén Pastora, otro que se salió del closet definitivamente, decía un día de estos que bastaba que Daniel Ortega moviera un dedo para que aquí se desatara el infierno. Otro como el flamante Procurador de Justicia, Hernán Estrada, decía que si su comandante se lo propusiera un solo llamado bastaría para que aquí no quedara piedra sobre piedra y que particularmente los medios de comunicación lo sufrirían. Estas amenazas que suponen nuestra rendición ante el terror se estrellaron contra una enorme pared de resistencia que ahora les dice a los operarios del fraude que vamos a defender lo que legítimamente nos pertenece sin considerar la más mínima posibilidad de traicionar el valioso voto del pueblo nicaragüense porque si de negociación se trata solo hay dos cosas que pueden estar sobre la mesa; La revisión transparente y súper vigilada de los resultados o la anulación y convocatoria para nuevos comicios cuya realización por supuesto sería totalmente diferente a la historia del 9 de Noviembre.

Finalmente yo quiero, muy a título personal, creer que el Partido Liberal Constitucionalista sabrá llamar públicamente al orden a vergüenzas como Rene Herrera y José Marenco Cardenal, ambos desagradecidos funcionarios, que igual que sus colegas danielistas, deberían ser procesados y acusados por traición a la patria. Lo de ellos es una vergüenza para el liberalismo y abrazo el sentimiento de miles y miles que en la militancia roja, pura y sin mancha los deseamos defenestrados y en igualdad de condiciones para empujar procesos que los conduzcan a castigar ese crimen de lesa humanidad que consumaron junto a los otros ejecutores del fraude. Ellos, René Herrera y José Marenco Cardenal, han querido parchar con declaraciones más cobardes que contundentes, su complicidad en todo éste asunto, pero al final son más de lo mismo, ciudadanos de la mentira y el fraude que con su actitud han marcado imborrablemente las nobles esperanzas de un pueblo que en su momento sabrá corresponder a la mano criminal que levantaron contra Nicaragua.
Fuente; Nicaragua Hoy.

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