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lunes, 21 de septiembre de 2009

Concierto no cambia la situación de los cubanos

Por RUI FERREIRA
Especial para El Nuevo Herald
Las poco más de cinco horas y media que duró el concierto de ayer en la capital cubana, además de sacar a relucir una diferencia generacional, parecen no haber aportado grandes soluciones a un cambio político en la isla, más allá de declaraciones de buena voluntad entre canción y canción de 15 artistas.

Por el contrario, tanto dentro como fuera de la isla varias voces señalaron que el concierto terminó siendo apenas una herramienta de propaganda del gobierno sin que, posiblemente, los mismos artistas se hayan percatado.

"No hubo ningún mensaje de esperanza para el pueblo de Cuba. Se ha comparado este concierto con el viaje del Papa Juan Pablo II [en 1998], pero lo cierto es que, por lo menos, el de su Santidad dejó un mensaje de impacto mundial'', consideró el disidente cubano Elizardo Sánchez Santacruz.

En su opinión, "la realidad indica que el gobierno va a apuntarlo como un reconocimiento público al régimen, y poco más que eso'', añadió Santacruz desde la capital cubana por teléfono.

Según Daniel Alvarez, profesor de la Universidad Internacional de la Florida, independientemente "de la calidad de los artistas'' y "algunas horas de entretenimiento'', el concierto "intensificó aún más la polarización'' en el exilio cubano.

"Ahora los dos lados creen, aún más, que la razón está de su lado. Unos lo van a ver como un momento de manipulación política y otros como un instante de apertura del régimen'', enfatizó Alvarez.

Pero lo cierto es que "en Cuba todo es político, la gente no fue allí, ni asistió al concierto, por amor al arte. Habrá que ver ahora qué dice Juanes a su regreso a Miami'', añadió el analista.

Para Alvarez, el problema de este tipo de iniciativas es que levantan muchas expectativas que, casi siempre, no se cumplen. Y recordó el viaje del Papa a La Habana. "Después que [el Papa] se fue, pues sencillamente no pasó nada'', dijo.

"El único resultado que este concierto tuvo, en lo inmediato, es un buen momento de relaciones públicas para el gobierno cubano, porque el contacto de los artistas con el pueblo es bastante escaso'', subrayó Alvarez.

Ahora, "del lado de acá, algunos en el exilio tampoco ayudan mucho, destrozando discos frente al Versailles'', agregó.

Más o menos lo mismo piensa Sánchez Santacruz. "Este concierto es únicamente comparable con los que celebró el año pasado Silvio Rodríguez en las cárceles. Cantó, pero no pidió que soltaran a los presos'', dijo el disidente cubano.

"Todo lo que aquí se ha hecho ha sido para atacar al concierto. Desde el inicio aquí no se ha levantado un voz con autoridad a decir que es una vergüenza traer una aplanadora para destrozar discos. Pues bien, ahí lo tienen. La respuesta a esa aplanadora ha sido un millón de personas asistiendo al concierto'', consideró el presidente de Alianza Martiana, Max Lesnik.

Además, "después de esto no creo que vayan a parar las posiciones intransigentes y así no se va a ningún lado'', agregó.

Al final del concierto, en la Calle Ocho, la diferencia generacional salió a flote cuando un grupo de jóvenes se manifestó frente a otro de exiliados de mayor edad, abogando por Juanes y la realización del concierto.

Según Alvarez, esa diferencia de opiniones, y generacional, es una excelente oportunidad, ‘‘para que surja en el exilio una izquierda que, consecuente con la historia reciente del país, hablara también de la existencia de presos políticos, porque felicitar a Juanes por haber ido a Cuba no es suficiente''.

Para el economista Antonio Jorge, de la Academia de la Historia Cubana, el concierto no promueven ningún tipo de cambio porque no es de interés del gobierno cubano, por lo tanto "nada hay que esperar en ese sentido''.

"Seamos objetivos. En estos 50 años el régimen nunca ha demostrado su voluntad de continuidad. No se sabe cuántas veces Fidel y Raúl Castro lo han reiterado. Allí el Partido Comunista es el único rector del Estado, la economía sigue colectivizada y cada vez más centralizada en manos del Ejército'', agregó.

Por ello, "si el régimen tuviera interés de cambio lo manifestaría por sí mismo, no a través de un concierto del señor Juanes. Allí la intelectualidad y la cultura no son un ente independiente, sino un instrumento del Estado. Como en la difunta Unión Soviética'', subrayó Jorge.

Fuente;(ElNuevoHerald.com)

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